Una manera importante de amar a quienes enseñas e invitar al Espíritu Santo a ayudarte a enseñar por el Espíritu es comenzar la preparación de la experiencia de aprendizaje con oración. Considera las necesidades de tus alumnos. Tal vez haya un alumno en particular al que realmente esperas ayudar con esta experiencia de aprendizaje. Ora por él o ella por nombre. Al centrarte en uno, tu amor por todos tus alumnos aumentará. ¡Ellos lo sentirán!
Al orar por alumnos individuales a los que enseñaba en una clase de madrugadas, el presidente Henry B. Eyring compartió: “Aprendí que, para mí, hay mayor poder en orar por un hijo de Dios que por un grupo de ellos” (“Conocer y amar a Dios”, discurso dirigido a educadores religiosos, 26 de febrero de 2010).